EXTREMA SENSIBILIDAD
Se encerraba en su cuarto y no quería salir.
Nadie sabia que le pasaba, apenas contaba nada, y cuando lo hacia, todo eran medias tintas, migajas de historias que mas parecían inventadas que otra cosa.
No lo sabíamos, pero a solas lloraba.
Si lo hubiéramos sabido, tampoco hubiéramos hecho nada.
Su coraza, su caparazón, era impenetrable, invulnerable.

Ninguno de nosotros se atrevía a preguntarle, a investigar, sabíamos que seria en vano, y encima nos llevaríamos una ofensa, pelea asegurada.
Así que le dejábamos a su aire, si el no quiere participar, nadie le sonsacaría lo que llevaba dentro.
Es verdad que habían días de risas y alboroto, plena euforia en su personalidad, y como amigos que eramos le dejábamos amplificar sus emociones, si hoy se encontraba bien, a nadie se le ocurría ponerlo del revés,
no eran muchas esas ocasiones,
pero realmente hemos de reconocer ahora que eran intensas, las echamos en falta, ahora que se ha casado y distanciado de nosotros.
Sabemos que hemos sido sus amigos, los mejores quizás que ha tenido, y que ahora no nos veamos nos afecta,
pero cuando tenemos noticias de el, nos quedamos tranquilos y en paz, pues sabemos que su sino se ha realizado, mal nos pese.
Siempre que hacíamos broma a el parecía que no le gustase, aunque nunca se iba abiertamente de nosotros, si no que aguantaba el tipo estoicamente,
ahora lo entendemos, antes pensábamos que era un amargado y un paranoico, pero aun así seguía siendo nuestro amigo, y todo se comprende y se perdona,
en esa época de amistades adolescentes lo que importa es el numero del núcleo, no su polaridad.

Claro que bien mirado las bromas eran pesadas, machistas y discriminatorias, pero cuales no?
Eramos jóvenes, por no decir pequeños, y la ignorancia reina en nuestra cabeza,
aun sabiendo que a esa edad ya nos estábamos comiendo el mundo y todo era tan sencillo como pararse a imaginar y soltar por la boca lo que cada uno quería ser.
A el siempre le costaba contestar a esto, y se salia con evasivas que nos dejaban a todos al borde de la carcajada,
pues no entendíamos como podía ser tan difícil lo que uno quería ser de mayor.
Ya se sabe, buen trabajo con mucho dinero, tía buena y hacer todo cuanto no nos dejaban hacer, osea, salir hasta el día siguiente sin tener que dar cuentas a nadie, gastando todo lo que pudiéramos y mas.
El siempre parecía que esta idea se la traía sin cuidado, claro, ahora sabemos.
En cambio le gustaba hablar del campo, de la naturaleza, de pasear y subir montañas y cuando eramos capaces de no echarnos a reír y escucharlo atentamente,
se le veía muy concentrado y muy serio hablando de estas cosas,
a las que enseguida alguien cambiaba rápido de

Todos empezamos a tener novia, menos el, pero aun así seguíamos viéndonos, eramos, por así decirlo leales a la amistad, y entendíamos que con esa timidez y esa capacidad para no abrirse ante los demás, le iba a ser imposible encontrar pareja nunca.
Que equivocados estábamos, pero no lo sabíamos.
De ser era justo, aunque un poco irascible, y a la que nos metíamos con el enseguida se embrabucaba y no tardaba en soltar la mano, osea, a pegarnos una buena colleja como nos pasáramos con el.
Por eso enseguida comprendimos que era mejor dejarlo a su aire, cada uno es como es.
El día fatal llegó y de que manera.
Dejamos las salidas nocturnas por las parejas y la television y nuestro contacto entre amigos se limitaban a los vermuths de fin de semana y a esas cenas caseras que tan bien sabemos organizar.

Los trabajos ocupaban nuestro tiempo y para mal o para bien lo supimos aceptar.
Todos menos el.
Sin novia y sin trabajo, se pasaba los días cabizbajo y como ya hemos hablado, encerrado en su cuarto, y esto lo sabemos por sus padres, que cuando nos ven nos lo cuentan.
Ahora Manolo es policía, policía nacional, trabaja en el cuerpo de antidisturbios, los que van con la porra y el casco disuadiendo manifestaciones.
Vive cerca de la capital, en un pueblo de montaña muy bonito, el sitio donde nació su pareja, Andrés, panadero de profesión.

Ni siquiera nos invitó a la boda, quizás pensaba que nos íbamos a reír de el, o simplemente no asistir, la verdad que nos da igual, ahora entendemos la homosexualidad, no como antes, cuando eramos jóvenes, pero hay personas que eso no lo entienden, creen que uno no cambia nunca.
Seguimos siendo sus amigos, aunque el ya no quiera serlo, y ni siquiera el hecho de ser policía nos molesta, el sabrá.
Son sus padres los que no han conseguido superar el golpe, ellos que pensaban que su hijo era un hombre y les traería muchos hijos.
Sus padres, comunistas revolucionarios que combatieron la dictadura a base de panfletos y organizando manifestaciones.
Que cosas tiene la vida, se preguntan.
